desayuno”.
“Lo sé”.
“Pero decidiste no hacerlo”.
Me cogió de la mano.
“Por favor. Podemos ir a terapia. Haré lo que sea”.
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Retiré la mano.
“Quizá necesitemos terapia”.
Se le iluminó la cara.
“Para aprender a criar a nuestros hijos mientras estemos separados”.
Se le cayó el alma a los pies.
“¿Separados?”
“Quiero que te vayas de casa”.
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“Carol, por favor”.
“No voy a decidir todo nuestro futuro esta noche. Pero esto sí lo voy a decidir”.
Empezó a protestar.
“No puedes tomar esta decisión por mí también”.