El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

Diana.

Los investigadores ya tienen autorización para actuar sobre las instalaciones incluidas en la investigación. Estamos coordinando el acceso a la casa. Mantente cerca de una salida.

Miré a Alicia, sonriendo bajo las luces.

Y supe que aquella sería la última noche en que permitiría que decidiera por mí.

PARTE VII. LA CAÍDA DE LA REINA
Cuando terminó el discurso, Alicia se acercó a mí con una copa de champán.

—Estás demasiado callada, Vera. Espero que no hayas decidido volver a complicarnos la vida.

—No. Solo estoy cansada.

—Mañana descansarás