dispuesto a sacrificarme para conservar su herencia.
Y yo estuve a punto de perderlo todo porque había olvidado cuánto valía mi propia voz.
No recuperé los años de matrimonio ni la confianza que me arrebataron.
Pero recuperé mi trabajo, mi independencia y la oportunidad de criar a mi hijo sin vivir bajo amenazas.
Aquella tarde, mientras Leo terminaba su castillo, comprendí que ya no sentía necesidad de vengarme.
Las consecuencias de sus actos habían llegado por la vía de la justicia.
Yo tenía otra tarea.
Construir una vida nueva.
Y