una historia tan común que nadie la cuestionó demasiado. Beatriz no lo creyó del todo. Había algo en los rasgos del bebé que la inquietaba, pero tampoco tenía pruebas concretas, y acusar a su propio marido de tal atrocidad sin evidencia sería social y legalmente suicida.
Luego vino el segundo hijo, 18 meses después, y el tercero 14 meses después de ese. Y así continuó el patrón grotesco hasta que hubo siete niños, siete niños que crecían en las habitaciones traseras de la hacienda, en la zona donde vivían los