el tsunami de emociones que amenazaba con ahogarla.
Furia hacia Ignacio. Culpa por no haberlo notado antes. Horror ante la magnitud de la traición. Y debajo de todo eso, una determinación fría y absolutamente implacable de hacer que él pagara por cada lágrima, por cada violación, por cada día de terror que esta mujer había soportado. Abrió los ojos y miró directamente a Itzel.
“No voy a lastimarte, dijo con voz firme, ni a ti ni a tus hijos. Esto no es tu culpa, ¿me entiendes? Nada de esto es