Al principio no ocurrió nada especial.
Solo observó al hombre que dormía.
Pero entonces descubrió algo que le llamó la atención.
Justo donde terminaba el cabello de Dante, en la zona donde el cuello se encontraba con el cráneo, había una pequeña forma elevada.
Sophie dejó su libro sobre la alfombra.
Se acercó un poco más.
La protuberancia no parecía un lunar común.
No era redonda.
Tampoco tenía el aspecto liso de una cicatriz.
Su contorno era ovalado.
La niña inclinó la cabeza para observarla desde otro ángulo.
La luz