entender exactamente lo que había visto.
La diferencia entre ambas posibilidades todavía no estaba clara.
Anna seguía pensando en la salida.
Quería sacar a Sophie de allí.
Retomar sus tareas.
Olvidar aquella situación.
Sin embargo, sabía que ya no podrían marcharse como si nada hubiera sucedido.
Dante había despertado.
Y lo había hecho precisamente cuando su hija hablaba de algo que supuestamente no existía.
La mano del hombre comenzó a relajarse.
Sophie miró sus dedos.
Anna permaneció atenta a cada movimiento.
En su mente se mezclaban las órdenes de la