comprado con mi dinero.
Doblé el documento con cuidado y lo guardé en mi bolso.
Christina me observaba mientras lo hacía.
—¿Sabes? —dijo, con un tono ligero pero incisivo—, tienes dinero y estatus, pero nunca has entendido a los hombres. Los hombres no quieren a una princesa fría sentada en una mansión. Quieren calidez. Ternura. Una mujer que sepa hacerles sentir como hombres.
La miré durante un largo segundo.
El vestido rojo. Las uñas perfectamente arregladas. El bolso costoso. La seguridad de alguien que solo ha visto la puesta en