comprado semanas antes para registrar ideas de trabajo cuando conducía.
No era un plan secreto.
No había pensado en usarla contra nadie.
Hasta aquella mañana.
Julian dejó la bolsa sobre la mesa.
—La policía conserva el original de la copia digital.
—Esto se le devolverá cuando autoricen.
Adrian miró el dispositivo.
—¿Qué hay ahí?
No respondí.
No porque quisiera torturarlo.
Porque de repente me faltaba aire.
El monitor aceleró.
Julian observó la pantalla.
—Señora Shen, respire despacio.
Adrian dio un paso.
—Natalia…
Julian levantó una mano.
—Atrás.
La autoridad de