recibirla?
—Diez minutos.
Victoria entró llorando.
—Natalia.
No respondí.
—Adrian perdió la cabeza.
—Sí.
—No es un hombre violento.
La miré.
—Me apuñaló dos veces.
Victoria cerró los ojos.
—Quiero decir que antes nunca…
—Antes no importa mucho cuando estás hablando de lo que hizo esta vez.
Silencio.
—Los niños…
Su voz se quebró.
—No uses a mis hijos para pedir piedad por tu hijo.
Victoria empezó a llorar más.
—No iba a…
—Sí ibas.
—Natalia, ¿qué quieres?
Buena pregunta.
—Que el proceso siga.
—Que no me contacten sin autorización.