ropa empezó a empaparse.
Mis manos se fueron instintivamente al vientre.
No recuerdo haber gritado.
Sí recuerdo a Vanessa.
Detrás de Adrian.
Mirándome.
Y sonriendo.
Apenas.
Solo un movimiento en la comisura de los labios.
Pero lo vi.
Adrian soltó el cuchillo.
Después hizo algo que terminó de romperme.
No vino hacia mí.
Corrió hacia Vanessa.
Le puso su chaqueta sobre los hombros.
—Ya está.
—No tengas miedo.
—No volverá a hacerte daño.
Yo estaba en el suelo.
Sangrando.
Embarazada de dos hijos que él aún no sabía que existían.