escritos médicos.
El tercer día Adrian apareció con rosas blancas.
Como si viniera a reconciliarse después de una discusión.
Como si no hubiera sido necesario llamar a una ambulancia porque su esposa había quedado desangrándose en el suelo.
El doctor Julian Zhou lo detuvo en la puerta.
—No puede entrar sin autorización.
Adrian frunció el ceño.
—Soy su marido.
Julian lo miró.
—Precisamente por eso hay algo que debe saber.
Le entregó el informe.
Adrian lo leyó.
Una vez.
Dos.
Después levantó la cabeza.
—¿Gemelos?
Su voz ya no parecía