quedó.
—¿Entonces sí estaba bien atacarme?
Su rostro perdió el color.
—No.
—No quise…
—Sí quisiste.
—Tomaste el cuchillo.
—Caminaste hacia mí.
—Lo hiciste dos veces.
—No fue un accidente.
Adrian empezó a llorar.
—Dime qué puedo hacer.
—Divorciarnos.
Levantó la cabeza violentamente.
—No.
—Eso no está sujeto a tu permiso emocional.
—Lo decidirá la ley si hace falta.
Intentó tomar mi mano.
La retiré.
—Natalia, Vanessa dijo que tú…
—¿Qué dijo exactamente?
Se quedó.
—Que la empujaste.
—Que la cortaste.
—¿Y viste el corte?
Silencio.
—¿Lo examinaste?
—No.
—¿Preguntaste