regalos.
—¿Y les ha explicado que quitó la silla de seguridad de nuestro hijo para meterlos?
Hubo un silencio.
—Bueno, los niños pueden viajar en autobús.
—Por supuesto que pueden. Pero no fue una decisión tomada entre los dos. Hao decidió que sus regalos necesitaban más espacio que su esposa y su hijo.
—¡Qué dramática eres! En nuestra época las mujeres aguantábamos mucho más.
—Lo sé. Usted me lo ha recordado durante seis años.
—¿Qué insinúas?
—Nada. Le deseo un feliz Año Nuevo.
Iba a colgar cuando ella añadió:
—Por