llegó dos minutos después.
«¿Has estado revisando mis cuentas?».
Me quedé mirando aquella frase.
Ni una disculpa.
Ni una explicación.
Solo indignación porque había descubierto lo que él hacía.
«La cuenta es conjunta», respondí.
«Yating necesitaba ayuda. Te dije que su padre estaba enfermo».
«¿Por qué está pasando el Año Nuevo con tus padres?».
Pasaron cinco minutos.
«Porque mamá la invitó. Es una chica educada que sabe respetar a los mayores».
Aquello fue suficiente.
Dejé el teléfono sobre la mesa.
La traición no siempre comienza con un beso.
A veces