«Hay demasiados regalos. Tú y el niño id en autobús»: mi marido nos dejó sin sitio en el coche… y yo llevé a mi hijo a Disneyland

sentado a mi lado, sosteniendo un helado de vainilla que empezaba a derretirse.

—¿Estás triste?

Bloqueé la pantalla.

—Un poquito.

—¿Por papá?

No supe qué responder.

Mi hijo bajó los ojos hacia el helado.

—Yo creo que papá quiere más a las cajas que a nosotros.

Aquella frase me atravesó.

Un niño de cuatro años no debería tener que preguntarse si vale menos que un conjunto de regalos.

Me arrodillé delante de él.

—Escúchame bien, cariño. Tú eres muchísimo más importante que cualquier caja, regalo o cosa que exista. Lo