cuando Sophie y el niño estén dormidos.
Aquellas palabras habrían conseguido que esperara durante horas una semana atrás.
Ahora solamente me provocaron rechazo.
—No vengas. Te devolveré tus pertenencias y recogeré las mías. No tenemos nada más que hablar.
Colgué antes de que pudiera responder.
Sin embargo, la fotografía seguía sin tener explicación.
¿De dónde se conocían los tres?
¿Quién me la había enviado?
Y qué significaba aquel misterioso acuerdo.
La mujer que sabía demasiado
A las tres de la tarde, una mujer de unos cincuenta años entró en la