pagado un poco más porque la limpieza se alargó más de lo previsto, y Elena pensaba que le habían pagado de más.
La abuela la llamó enseguida.
“Has trabajado esas horas extra”.
Pausa.
“Elena, si me lo vuelves a enviar, te mandaré 75 dólares”.
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Me eché a reír.
De camino a casa, le pregunté algo en lo que llevaba pensando desde la noche en que Daniel se negó a pagar.
“¿Por qué le pagaste a Elena enseguida?”
Me echó un vistazo.
“Ya te lo he dicho”.
“Lo sé. Daniel