ti?
No respondió.
Ahí estaba la respuesta.
Control.
Preston me había conocido como una mujer sin familia, sin patrimonio y sin red de seguridad.
Dentro de nuestra relación, él siempre era quien tenía casa.
Dinero.
Contactos.
Seguridad.
Si yo descubría que tenía una familia poderosa, la estructura entera cambiaba.
—Cuando quedé embarazada —dije—, ¿por qué te enfadaste?
—No me enfadé.
—Dormiste en otra habitación tres noches.
—Estaba asustado.
—¿De qué?
Preston miró a su abogado.
Después a mí.
—De que el niño hiciera que todo saliera a la luz.
Cerré