susurrar y sentarse con una postura perfecta.
Se lo pedí porque sabía qué tipo de bromas le gustaban a Liam.
De alguna manera, yo siempre era el blanco de las bromas.
En los cumpleaños, contaba historias sobre cosas que yo había hecho mal.
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En las cenas con amigos, sacaba a relucir algo vergonzoso que yo había dicho meses antes.
Si alguien tenía una cámara a mano, eso parecía empeorar las cosas.
Y yo había visto a su padre hacerle lo mismo a su madre durante años.
Veinte años, según