y revisar el sendero.
Miré a mi madre.
—Pero siempre he tenido miedo del agua corriente. Cada vez que entraba en el arroyo, recordaba el accidente que me habías contado. Tenía muchísimo miedo de que me ocurriera lo mismo.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.
—Quería darte una sorpresa, mamá. Pero cada vez que me acercaba al agua, entraba en pánico. El abuelo me dijo que podíamos detenernos, pero yo quería terminar lo que habíamos empezado.
Mi abuelo bajó la cabeza.
—Cometí un error, Sarah. No me di