PARTE FINAL / “Eres demasiado guapo para estar solo”, le dijo mi hija de seis años al multimillonario más frío de Manhattan. “

se quedó inmóvil.

—Nathan jamás habría hecho eso.

—Lo hizo.

Saqué mi teléfono.

Todavía conservaba algunos mensajes.

Los últimos que había recibido de Nathan.

No vuelvas a contactarme.

No quiero ser padre.

Olvídate de mí.

Adrian leyó cada uno.

Su expresión cambió.

—Estos mensajes no los escribió Nathan.

Solté una risa amarga.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque el día que recibiste el último…

Amplió la fecha.

—Nathan estaba inconsciente en un hospital de Zúrich.

Lo miré fijamente.

—¿Qué?

Adrian abrió un archivo antiguo.

Su hermano había sufrido un accidente automovilístico durante