desmoronó, reemplazada por un gesto de pura incredulidad mezclada con rabia.
—No puede ser… —susurró Cassidy, tan alto que varios a su alrededor la escucharon—. ¿Qué hace ella aquí? ¿Y por qué con Ashford?
Gideon inclinó apenas la cabeza hacia mí y murmuró con su tono grave, perfectamente sereno:
—La pista es tuya, Vivian. Respira.
Avanzamos despacio. Con cada paso que dábamos sobre la alfombra burdeos, la tensión en el salón aumentaba. Los fotógrafos de prensa, que hasta ese momento habían estado entretenidos captando a actrices y diplomáticos, reaccionaron como