así.
Pero lo que más me asustó fue la respuesta del médico.
“Señor, si su esposa hubiera fallecido hace tres días, usted jamás habría sabido lo que había perdido.”
En ese momento, no tenía ni idea de que, en cuestión de horas, mi vida entera daría un vuelco.
Mi nombre es Margaret. Tengo 76 años.
Me casé con mi marido, Robert, cuando tenía tan solo diecinueve años.
Cuando era joven, creía que el amor significaba sacrificio.
Robert siempre me decía:
“Una buena esposa trabaja duro, cuida de su marido y