que Adrián le había dado instrucciones precisas: qué días preparar el té, qué mañanas vigilar que yo lo terminara, qué tardes decirme que me veía “demasiado cansada” para salir.
También entregó mensajes de WhatsApp.
Uno decía:
Mantenla tranquila hasta el parto. Después, con el niño en brazos, va a dejar de hablar de irse.
Leí esa línea 5 veces.
No era un plan médico.
Era una jaula.
Y mi bebé era el candado.
Pero aún faltaba el mensaje que haría que todo cambiara.
PARTE 3
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