según él, una embarazada no debía manejar por avenida López Mateos con mareos.
Me quitó mi tarjeta porque, según él, las compras impulsivas eran síntoma de ansiedad prenatal.
Me quitó las visitas a mis padres porque, según él, mi mamá me alteraba.
Me quitó las consultas con otros médicos porque, según él, nadie iba a cuidar mejor a su propio hijo que él.
Y yo lo acepté.
Porque lo amaba.
Porque estaba embarazada.
Porque cada vez que dudaba, él ponía una mano en mi espalda y decía:
—Yo solo quiero