no tener ni para comprar el pan de mis hijos. El banco nos notificó que perderíamos nuestra casa.
La noche en que le di la noticia a Sofía, el mundo se nos cayó encima. Ella lloró de rabia y de miedo, y en un momento de desesperación, me gritó algo que me destrozó el alma: —¡Esto es por traer a ese criminal a nuestra casa! ¡Nos trajo la mala racha, Diego! ¡Tu hermano nos hundió!
Esteban estaba en el patio, lavando la única camioneta vieja que nos quedaba.Escuchó todo.