abandonó y el deseo de proteger a Marcos del posible dolor de un nuevo rechazo. Entendió que no podía competir con los relojes centelleantes de Daniel, pero sí con la historia de cada fiebre cuidada y cada partido presenciado.
Su proceso interno fue una muestra de alto rendimiento emocional. Decidió que su rol no era prohibir, sino acompañar. Si Marcos necesitaba conocer a su padre biológico para cerrar un capítulo, él estaría allí para sostener su mano, sin importar el resultado.
El respeto a la autonomía y decisiones del hijo