ellos reconocieran mis logros.
Pero, frente a aquella multitud, comprendí que ya no necesitaba su aprobación para sentirme orgullosa de mí misma.
Comencé mi discurso hablando de las dificultades de mi formación.
Mencioné a mis instructores, a mis compañeros y la responsabilidad que implica estar al mando.
Después hablé de mi propia ceremonia, dos años atrás.
—Aquel día, la mayoría de mis compañeros estaban rodeados de sus seres queridos. Yo celebré esa etapa sin mi familia.
Se hizo un silencio atento.
—Durante mucho tiempo creí que su ausencia significaba que