botes se alejaron silenciosamente de la orilla.
Después se preparó el segundo grupo. Luego, el tercero. Cada minuto parecía durar una hora.
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Un niño comenzó a llorar.
Su madre lo apretó contra su pecho y le susurró desesperadamente:
—Todo saldrá bien. Vamos a un lugar donde ellos no podrán retenernos.
Pero nadie sabía si aquella promesa llegaría a cumplirse.
Mientras tanto, en Blackwood Plantation, la cocina estaba ardiendo.
Las llamas devoraban la estructura de madera mientras Josiah Blackwood gritaba órdenes. Los cubos pasaban de mano en mano y el