EL HOMBRE AL QUE CRIÉ COMO A MI PROPIO HIJO

de respetarme.
Respiró con dificultad.
—Y terminé alejando a la única persona que nunca me quiso por interés.
Saqué la caja.
Coloqué sobre la cama la primera de aquellas cartas infantiles.
Él la abrió con manos temblorosas.
Leyó en silencio.
*”Cuando tenga dinero, nunca dejaré que trabajes otra vez.”*
Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.
—No cumplí ninguna de mis promesas.
Negué lentamente.
—Sí cumpliste la más importante.
Él me miró confundido.
—Sobreviviste.
Eso era todo lo que yo quería cuando llegaste a mi casa siendo un niño.