puerta.
Mi madre siempre decía que eran regalos de una vecina.
—¿Era Ethan?
—Él y su mamá —respondió.
Sentí una mezcla de gratitud y tristeza.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque Ethan me pidió que no lo hiciera. Decía que no quería que te sintieras triste por necesitar ayuda.
Me cubrí el rostro.
Pero entonces recordé algo.
—Mamá, dijiste que había un secreto sobre papá.
Mi madre dejó de sonreír.
—Sí.
Guardó silencio durante varios segundos.
Después abrió el cajón nuevamente.
Sacó un sobre blanco.
—Hace seis años, Ethan