Ethan me ofreció la mano.
—¿Quieres bailar?
Asentí.
Nos movimos lentamente entre las demás parejas.
Entonces me preguntó:
—¿Ya no estás triste?
Pensé durante unos segundos.
—Todavía un poco.
Ethan asintió.
—Está bien.
Lo miré.
—¿No vas a decirme que deje de estarlo?
Negó.
—No funciona así.
Sonreí.
—Tienes razón.
Continuamos bailando.
Después de un momento, Ethan dijo:
—Maddie, tu papá se fue. Pero eso no significa que tú hicieras algo malo.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Lo sé.
—Y tu mamá te quiere.
—También lo