una banca.
Le entregué uno de los pudines.
Después saqué una pequeña caja.
—Tengo algo para ti.
Ethan la abrió.
Dentro había una fotografía enmarcada de nosotros durante el baile de graduación.
Debajo había escrito:
“LAS PROMESAS IMPORTANTES NO SE OLVIDAN”.
Ethan observó la fotografía durante varios segundos.
Después sonrió.
—Me gusta.
—¿De verdad?
Asintió.
—Mucho.
Guardó cuidadosamente el regalo.
Entonces me ofreció su dedo meñique.
—¿Otra promesa?
Sonreí.
—¿Cuál?
—Que aunque vayamos a universidades diferentes, seguiremos siendo amigos.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
Enganché mi