más de lo que su hijo imaginaba.
—Está bien —dije.
La cuidadora colocó la silla un poco más cerca de la mesa.
Megan se aproximó a su madre.
—Mamá, ¿estás bien?
Evelyn asintió.
Megan le apretó la mano.
Después me miró con frialdad.
—Sigo pensando que lo de la parada de autobús fue una barbaridad.
—Puedes pensar lo que quieras.
—Podía haber pasado cualquier cosa.
—Había dos cámaras, un vecino vigilándola y una cuidadora en camino.
—¡Pero mamá no lo sabía!
Evelyn golpeó suavemente el reposabrazos.
Una vez.
Megan se