La amante de mi marido me envió un vi-de-o desde su cama, así que dejé a su madre en la calle y preparé su caída

daño.

Ella lo miró.

—Firma.

—Solo intentaba ayudarte.

Evelyn negó.

—Casa.

—No quería quitarte la casa.

Ella volvió a negar.

—Mentira.

Ethan se pasó las manos por el rostro.

—Dios.

Megan estaba llorando abiertamente.

—¿Qué documento querías que firmara?

No contestó.

—Ethan.

—Era una autorización.

—¿Para qué?

—Para poder administrar la propiedad.

—¿Por qué?

—Porque mamá no puede hacerlo.

Evelyn golpeó el reposabrazos.

—Puedo.

—Mamá, físicamente no puedes…

—Puedo.

Yo me acerqué.

—Un abogado la evaluó.

Ethan me miró.

—¿Qué hiciste?

—La llevé con un abogado independiente.

—Sin decirme.

—No