El corazón se me detuvo.
Ella conocía mi nombre.
—Pensé que quizá querías ver lo feliz que está tu marido durante sus “viajes de negocios”.
Se rio.
Después añadió:
—Ethan dice que en casa solo encuentra pañales, medicinas y una esposa demasiado cansada para acordarse de que sigue siendo mujer.
No pude respirar.
Miré mis manos.
Rojas.
Secas.
Agrietadas por el jabón.
Más de setecientos días limpiando a su madre.
Más de setecientas noches organizando medicamentos mientras él llegaba tarde.
Y ese hombre había convertido mi sacrificio en una broma