Había imaginado hacerlo sufrir.
Pero ahora que estaba sentado delante de mí, reducido a una colección de excusas, comprendí que ya no quería nada de él.
—Quiero que te vayas.
Eso pareció desconcertarlo.
—¿Solo eso?
—Esta noche, sí.
—¿Y después?
—Después mi abogada hablará contigo.
—¿Ya tienes abogada?
—Desde hace nueve días.
Sonrió sin humor.
—Increíble.
—No tanto.
—¿Llevas nueve días preparando un divorcio y seguías durmiendo conmigo?
—No hemos dormido juntos en semanas.
Megan apartó la mirada.
Ethan se quedó callado.
—¿Cuándo lo decidiste?
—Cuando escuché la grabación de