recepción, el expediente disciplinario y las decisiones tomadas tres años antes.
La investigación confirmó que el documento de mi hija había sido recibido por la escuela.
También confirmó que no había sido incorporado al expediente utilizado para justificar la expulsión.
Nadie pudo establecer con certeza en qué momento desapareció.
El director aseguró que nunca había visto aquellas declaraciones.
Y yo le creí.
Pero eso no eliminaba su responsabilidad.
Porque había firmado la expulsión de un muchacho de quince años sin preguntar si existían testigos que pudieran contradecir la acusación.
Durante