cercana y se cubrió el rostro con las manos.
Durante dieciocho años, había imaginado innumerables explicaciones sobre por qué mis padres me habían echado de casa. Jamás se me había ocurrido que la verdadera razón estuviera relacionada con una chica a la que nunca había visto.
Finalmente, mi madre habló.
—Se llama Charlotte. La adoptamos cuando era un bebé.
Miré a la pelirroja que permanecía a su lado. Su piel pálida, sus pecas y sus brillantes ojos verdes eran tan diferentes de mi tez oscura que ningún desconocido habría imaginado