Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía

siquiera fue el cabello en el suelo.

Fue la expresión de Eleanor.

Calma.

Completamente calma.

No parecía una mujer fuera de control.

Parecía una mujer convencida de que tenía derecho a hacerlo.

—¿Qué hiciste? —gritó Mariana llevándose las manos a la cabeza—. ¿Estás loca?

—No me levantes la voz, muchachita —respondió Eleanor—. Las esposas decentes no regresan tarde después de beber con hombres.

La máquina seguía en su mano.

Sobre la alfombra color crema, que Mariana había pagado, descansaba casi la mitad de su cabello.

Eleanor observó el desastre con