Su voz se quebró.
—De que me abandonaras si descubrías que el problema podía ser mío.
Lo observé en silencio.
—Así que decidiste destruir mi autoestima para proteger la tuya.
Comenzó a llorar.
—Audrey, lo siento.
Negué lentamente.
—No sabes cuánto daño me hiciste.
Cynthia se cubrió el rostro.
—Preston, ¿cómo pudiste?
Pero mi exmarido levantó la mirada.
—Necesito saber si Oliver y Olivia son míos.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
Mi padre intervino.
—Cualquier cuestión de filiación deberá resolverse por las vías legales correspondientes.
Preston asintió.
—Aceptaré