Yo permanecí inmóvil.
Porque aquella verdad no cambiaba los años de mentiras.
Ni el abandono.
Ni las humillaciones.
Preston levantó la mirada.
—Audrey, quiero conocerlos.
Respiré profundamente.
—Eso tendrá que hacerse respetando su bienestar y mediante los acuerdos legales necesarios.
Él asintió lentamente.
Pero entonces Brielle sacó otro sobre de su bolso.
—Hay algo que necesito mostrarles.
Todos la miramos.
Sus manos temblaban.
—Después de descubrir los documentos de Preston, pedí que revisaran mis propios estudios.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué ocurrió?
Brielle comenzó a llorar.
—El médico encontró algo que