vez, Daniel dejó una fingir tranquilidad.
Se pasó las manos por el rostro y soltó una risa amarga.
—Seis años trabajando para usted. Seis años resolviendo problemas, viajando los fines de semana y dejando mi vida a un lado. ¿Sabe cuánto ganaban algunos vendedores en una sola comisión?
Héctor lo observó en silencio.
—Yo veía cómo todos se enriquecían —continuó Daniel—. Contratos millonarios, camionetas nuevas, vacaciones en el extranjero. Y yo seguía organizando sus reuniones.
—Tenías un sueldo, prestaciones y bonos que aceptaste cuando firmaste tu contrato.
—Pero nunca iba