del cementerio, como si temiera que alguien escuchara. Luego se acercó y bajó la voz.
—Porque tu padre me pidió que te entregara algo si algún día venías a buscarlo.
Metió la mano dentro de su chaqueta y sacó un sobre amarillento.
Mi nombre estaba escrito al frente.
Finnley.
Con la letra de mi padre.
Las piernas casi me fallaron.
Dentro había una carta.
Y una llave antigua.
Una etiqueta colgaba de ella:
TRASTERO 108.
—¿Dónde está enterrado mi padre? —pregunté, aunque ya sabía que algo no encajaba.
El cuidador