Mi esposo me pidió el divorcio mientras yo esperaba a su hija… pero se enfureció cuando acepté marcharme

mis ojos enrojecidos.

Ni demasiado vulnerable.

Ni demasiado indiferente.

—Confío en ti.

Aquella noche, la lámpara junto al sofá permaneció encendida hasta el amanecer.

A la mañana siguiente fuimos juntos a firmar el divorcio.

El nuevo acuerdo era más grueso que el anterior. Adrian había añadido propiedades, acciones y una suma de dinero suficiente para que yo nunca volviera a depender de nadie.

Cuando salimos del edificio, tomó mi mano.

Era una de las pocas veces que lo hacía en público.

Su mirada descendió hasta mi vientre, apenas redondeado.

—Almorcemos