Fui sola a la Gran Muralla porque mi esposo tenía que trabajar… y encontré su candado de amor con otra mujerFui sola a la Gran Muralla porque mi esposo tenía que trabajar… y encontré su candado de amor con otra mujer

de la montaña, el restaurante estaba lleno.

Turistas, familias, parejas, niños corriendo con banderitas rojas.

Sofía se puso de puntillas y buscó entre las mesas exteriores.

De pronto, levantó la mano.

—¡Adrian!

Seguí su mirada.

Y lo vi.

Mi esposo estaba sentado junto a la ventana, con un abrigo oscuro sobre el respaldo de la silla. Frente a él había dos vasos de agua tibia, un plato de costillas agridulces, otro de verduras salteadas y una sopa humeante.

No había computadora.

No había documentos.

No había llamada urgente.

Solo un