rostro se volvió blanco.
—No.
La palabra fue apenas un hilo.
Adrian cerró los ojos.
—Sofía, escúchame.
Ella retrocedió un paso.
—No.
—No es como piensas.
Yo solté una risa breve.
No pude evitarlo.
—Qué curioso. Esa frase sirve para las dos.
Sofía me miró.
Sus ojos ya no eran limpios.
No porque se hubieran ensuciado.
Sino porque el mundo acababa de entrar en ellos.
—¿Cuándo se casaron? —preguntó.
—Hace tres años.
—¿Qué mes?
—Mayo.
Sofía llevó una mano a su pecho.
—Nosotros… en agosto.
Agosto.
Tres meses después.
Adrian