Bajo las cenizas del honor familiar no sobrevive la sangre de quien vendió su propia alma por una corona de humo.

hacia una cuenta privada de depósito a plazo fijo.

Y en esa cuenta privada, según la información bancaria filtrada por mi investigador privado semanas atrás, figuraban dos personas autorizadas.

Julián Vega y Paulina Rivas.

Sentí una punzada helada detrás del esternón, un espasmo visceral que ni siquiera siete horas de respiración controlada lograban calmar del todo.

Paulina ni siquiera figuraba en la nómina oficial del grupo en aquel entonces.

Aparecía en los registros como becaria de relaciones públicas en la filial europea de Fráncfort.

Una becaria que, según estos extractos