mi libertad
Me despidieron por no saber idiomas; una semana después, el mayor socio extranjero de la empresa exigió negociar únicamente conmigo
Acepté casarme para darle un hijo; seis meses después encontré su certificado de vasectomía
Sentí rabia.
Humillación.
Asco.
Pero no grité.
No porque no quisiera.
Sino porque todos miraban.
Si yo explotaba, dirían que arruiné la boda de mi hermano.
Que una casa valía más para mí que la felicidad familiar.
Que no sabía ceder.
Mi mano se cerró con tanta fuerza que las uñas se clavaron en